La historia de Alemania nos cuenta que hasta mitad del siglo XIX, era un conjunto de 38 estados diferentes conocidos bajo el nombre de Confederación Germánica. No se trataba de una nación en si misma, y la unificación no llegaría sino hasta la aparición de Otto von Bismarck, el Primer Ministro de Prusia, llamado Canciller de Hierro por su actitud feroz y belicista para lidiar con todo tipo de situaciones.

Gracias Bismarck se creó el Segundo Imperio Alemán (Segundo Reich), y se trató de un proceso unilateral y forzado. Los estados no tuvieron posibilidades de manifestar su acuerdo o desacuerdo, todo fue hecho en base a guerras y batallas, donde Bismarck conseguía la victoria gracias a un ejército adiestrado, bien equipado, y a estrategias muy astutas en el campo de batalla.

En la unificación de Alemania también influyó mucho Napoleón Bonaparte. El gran estratega esparció por el continente europeo un deseo de independencia y nación, al punto que muchas naciones se rebelaron contra las monarquías absolutas buscando una identidad propia.

Alemania fue uno de estos caso, Bismarck formó una alianza entre Prusia y Austria, atacó Dinamarca, luego a sus antiguos aliados de Austria, así, con luchas contra los otros estados menores, Prusia terminó fomentando la formación del Segundo Imperio Alemán y sentando las bases para la alemania actual.

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